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¿QUÉ HACEN LOS REGIDORES DE ETZATLÁN?

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03 junio 2014

Salvador Méndez Lías 03/jun/14

Don Salva “El Dulcero”

Por: Carlos Enrique Parra Ron

Un gran legado es el que nos ha dejado, Salvador Méndez Lías, mejor conocido como “don Salva, El Dulcero”, mismo que con mucho amor siguió la tradición de su padre, don Atanasio Méndez y la heredó directamente a sus sobrinos  María Celia Gómez Lías y a su esposo Javier Gómez Esteves.

María Celia nos comenta que su tío Salva, nació en Etzatlán, el 14 de septiembre de 1913 y que empezó a hacerse cargo del negocio a los 14 años, cuando falleció su padre.



Los dulces que hasta la fecha siguen haciendo con la misma calidad de materia prima y cariño son los siguientes: Jamoncillo, cocadas de leche, orneada y blanca, guayabate, camote, calabaza, queso Nápoles, naranja agría, merengues, bolitas de leche y de menta, garapiñado, pan salchichón, ojo de buey, polvorón y galletas de horno, también en la temporada la jalea y dulce de tejocote. Esta es la gran variedad y todo elaborado a la usanza antigua con los ingredientes y utensilios de siempre.

Hasta aquí lo que nos plática María Celia, pero también entrevisté a Paloma Domínguez quién fuera su empleada durante algún tiempo.

Nos dice Paloma Domínguez: -“Yo lo conocí muy bien porque le ayudaba a elaborar los dulces, fue un hombre solitario, nunca se casó y tenía dos hermanos más, una hermana igual que él soltera, que se llamaba María y Silverio, este si estaba casado y también se dedicaba a lo mismo. Tenía muchos sobrinos siempre acompañándolo.

Nunca se enojaba y aunque era muy serio a nadie le faltaba al respeto y le gustaba ir personalmente a hacer su mandado.

Él hacía los dulces de mucha calidad nunca les salían ahumados, por lo regular eran los martes cuando los elaboraba y como diario le picaba la cama y se levantaba a las seis de la mañana y a puro hornear, sus comidas y a seguirle.
Cuando lo conocí no estaba tan viejo, andaba como en 40 o 45 años y nunca lo vi flojear, siempre lo vi cargar con sus dulces hacia la Plaza, solo que estuviera de verdad muy enfermo, no lo hacía.

En las fiestas de octubre se le amontonaba la gente, por lo que necesitaba quién lo ayudara, en esos días le aumentaba el trabajo al triple. Acostumbraba los domingos ir a misa de seis, decía que para aprovechar más el día”.

Estos son los recuerdos de Paloma, muy gratos por cierto, ella me comentaba  y tal vez sean los recuerdos de cuantos tuvieron la fortuna de conocerlo.


En la actualidad son varias las personas, familiares entre sí, los que siguen con esta tradición, situados en el mismo lugar que hace más de 80 años la gente ubica como punto de referencia: “la esquina donde en donde se ponen los dulces de don Salva”
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