23 febrero 2020

La chirimía en Etzatlán


Sobre la historia de la chirimía, el etnomusicólogo Ernesto Cano cuenta que: "este instrumento tiene la particularidad de haber vibrado en todos los continentes, desde el Oriente antiguo hasta nuestro Nuevo Mundo. Su antigüedad viene de varios miles de años antes de Cristo. Finalmente, los árabes lo introducen a España y luego los españoles, en la conquista de América, lo traen a nuestras regiones".


Tenemos en nuestra historia algunas notas en donde aparece este instrumento, una de ellas se menciona en el libro, Etzatlán, de Heriberto Navarrete Flores, S. J.:

“La obra de la Capilla de la Cuevita Santa, se inauguró el 18 de junio de 1826, concediendo licencia, por el Sr. Vicario, para celebrar el Santo Sacrificio de la Misa.

La procesión se ordenó a un repique en la capilla; salió por la plaza real yendo por delante la chirimía, enseguida la Cruz y los Ciriales, luego una danza de criaturas, enseguida la imagen del Sr. San José, luego las insignias de la misa llevadas por 22 niñas vestidas de blanco, tras estas inocentes iba Fr. Mateo Hernández, luego venía la soberana imagen de la Virgen de la Cueva Santa.”

Otra se menciona en los datos históricos de Etzatlán:
“En Etzatlán, los franciscanos permitían que el pueblo se divirtiera de tal manera, ya que en ese tiempo estaban en auge las minas, ellos hacían bailes, daban comidas y a los niños regalos, lo que hoy día llamamos recibimiento, porque de los pueblos y comunidades aledaños venían a divertirse, se tocaba la chirimía lo que era una pequeña flautita y un pequeño tambor.

Hace ya algunos años todos los viernes, se subía a la torre don Catarino y su compañero de Oconahua a tocar la chirimía que nos anunciaba la vigilia, aunque ya no se escuche porque estas personas “ya nos han dejado”, y el toque recordaba que aún se conservan las comidas de los viernes de vigilia.”

Los chirimilleros o piteros de Oconahua, eran muy famosos, no solo en el municipio de Etzatlán, sino que también en otros estados eran requeridos por los organizadores del carnaval y por los párrocos. A ellos se les buscaba no solo para los actos religiosos, sino que también para las fiestas paganas.


De los chirinilleros de Oconahua, (que eran los mejores) nomás queda Miguel Férreo y no quiere ya tocar.

Tocan la chirimía y el tambor a las seis de la mañana por las calles, y al mediodía con la mojiganga y por la noche en la Expo o en la Plaza.

De entre las canciones que tocaban estaban: La gallina; El tecolotito; El quelite y Las mañanitas, que son solo algunas de las tantas que interpretaban.

Con información de Carlos Enrique Parra Ron, cronista Municipal.

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