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29 julio 2026

Tratamiento de vinazas tequileras todo un reto para la industria. UdG busca soluciones Agos/26

 ¿Cómo busca la UdeG reducir el impacto ambiental de la agroindustria del tequila?

La industria del tequila es uno de los principales motores económicos y de exportación de Jalisco. Sin embargo, detrás del crecimiento de esta cadena productiva existe un desafío ambiental de gran escala: por cada litro de tequila elaborado se generan entre 10 y 15 litros de vinaza, un residuo líquido con una elevada carga orgánica que puede resultar hasta 100 veces más contaminante que las aguas grises domésticas si no recibe un tratamiento adecuado.


Ante este escenario, investigadores del Centro Universitario de los Valles (CUValles) de la Universidad de Guadalajara (UdeG) desarrollan un sistema integral para el tratamiento de vinazas tequileras, una tecnología que ya cuenta con una patente otorgada y una segunda solicitud en proceso, con el objetivo de facilitar su implementación, especialmente entre pequeñas y medianas empresas del sector.

El proyecto cobra relevancia en el marco del Día Internacional del Tequila, celebrado el 24 de julio, al poner sobre la mesa uno de los principales retos para la sostenibilidad de una industria que continúa expandiendo su presencia en los mercados internacionales.

El crecimiento del tequila también exige soluciones ambientales

La producción de tequila ha mantenido una trayectoria de crecimiento impulsada por la demanda internacional, particularmente en mercados como Estados Unidos, Europa y Asia. Este dinamismo ha fortalecido las exportaciones y la generación de empleos, pero también incrementa el volumen de residuos industriales que deben gestionarse de manera responsable.

Las vinazas son los efluentes que se generan tras el proceso de destilación del tequila. Su alta concentración de materia orgánica, acidez y compuestos químicos representa un riesgo para cuerpos de agua y suelos cuando son descargadas sin tratamiento.

El doctor Héctor Huerta Ávila, jefe del Departamento de Ciencias Computacionales e Ingenierías del CUValles, explicó que el desarrollo tecnológico busca atender precisamente esta problemática regional.

«Estamos desarrollando un esquema completo desde que el efluente sale de la fábrica hasta obtener agua que cumpla con las normas establecidas por las entidades estatales y federales. No se trata aún de agua potable, pero sí de un recurso que puede reutilizarse de manera segura en procesos como el riego», señaló.

Más que eliminar un residuo, el proyecto pretende convertir un pasivo ambiental en un recurso con posibilidades de reutilización, contribuyendo a una economía más circular dentro de la cadena productiva del tequila.

Una tecnología diseñada para las pequeñas y medianas tequileras

Uno de los principales retos ambientales del sector consiste en que muchas pequeñas y medianas destilerías carecen de infraestructura suficiente para instalar sistemas de tratamiento de alta complejidad.

Por ello, el equipo de investigación trabaja en un modelo tecnológico que combine eficiencia con costos accesibles.

Actualmente colaboran con tres empresas tequileras de la región Valles de Jalisco, las cuales suministran muestras para validar el funcionamiento del sistema y preparar la instalación de plantas piloto que operen de manera continua.

Huerta Ávila destacó que la vinculación con la industria resulta fundamental para asegurar que la tecnología responda a necesidades reales.

«Siempre es importante tener vinculación con las empresas porque estamos resolviendo un problema real. Ellas serán las usuarias finales de la tecnología y nos permiten recibir retroalimentación directa», afirmó.

El investigador adelantó que el siguiente paso será escalar el proyecto mediante plantas piloto industriales que permitan validar el proceso bajo condiciones reales de operación.

Fotocatálisis y energía solar para degradar contaminantes del tequila

El sistema desarrollado por el CUValles integra diversas etapas físico-químicas antes de llegar a un proceso de fotocatálisis, considerado el componente más innovador del proyecto.

El doctor Héctor Daniel Flores León, investigador asociado, explicó que el tratamiento incorpora procesos como sedimentación, coagulación y floculación antes de utilizar dióxido de titanio como catalizador.

Este material aprovecha la radiación solar para acelerar la degradación de compuestos orgánicos complejos presentes en las vinazas.

«Utilizamos dióxido de titanio como catalizador, lo que permite reducir la energía necesaria para degradar los compuestos orgánicos. Aunque el proceso puede tardar entre cuatro y seis horas, estamos optimizando su eficiencia mediante recirculación del efluente y seguimiento solar», explicó.

El reactor incorpora sensores que monitorean la intensidad de la radiación solar y el grado de degradación del efluente para determinar el momento óptimo en que el tratamiento ha concluido.

Según Flores León, uno de los objetivos centrales consiste en evitar que el costo tecnológico sea una barrera para las pequeñas empresas.

«No es una tecnología excesivamente costosa. Justamente buscamos que sea reproducible para pequeñas y medianas empresas», puntualizó.

Investigación científica con impacto regional en Jalisco

El proyecto también contempla una importante línea de investigación básica enfocada en mejorar los materiales empleados durante el proceso de fotocatálisis.

La doctora María Alejandra Carrión Álvarez, jefa del Departamento de Ciencias Naturales y Exactas del CUValles, lidera el desarrollo de nuevos fotocatalizadores sintetizados directamente en laboratorio.

La especialista explicó que trabajan con nanopartículas de dióxido de titanio depositadas sobre superficies de vidrio que, al activarse mediante luz solar, aceleran la degradación de contaminantes presentes en las vinazas.

«Aunque la síntesis puede tomar alrededor de una semana, hemos logrado mejores rendimientos con materiales desarrollados en el propio laboratorio», indicó.

Además del impacto científico, el proyecto funciona como una plataforma de formación para estudiantes de licenciatura y posgrado que participan en investigaciones, tesis y publicaciones relacionadas con la sostenibilidad industrial.

Carrión Álvarez subrayó que la problemática tiene una dimensión local que motiva a los jóvenes investigadores.

«Por cada litro de tequila se generan entre 10 y 15 litros de vinaza, y este residuo puede ser hasta 100 veces más contaminante que el agua gris que generamos en casa. Esto los motiva a involucrarse, ya que están contribuyendo a resolver un problema real que afecta a su entorno», concluyó.

Innovación ambiental como ventaja competitiva para la industria del tequila

La creciente demanda internacional por productos elaborados bajo criterios de sostenibilidad está modificando las expectativas de consumidores, distribuidores e inversionistas. En este contexto, el manejo responsable de residuos deja de ser únicamente una obligación regulatoria para convertirse en un elemento de competitividad.

Para una industria como la del tequila, que representa uno de los símbolos económicos de Jalisco y una de las principales agroindustrias exportadoras del país, incorporar tecnologías que reduzcan el impacto ambiental puede fortalecer su posicionamiento internacional y facilitar el cumplimiento de estándares ambientales cada vez más exigentes.

El desarrollo impulsado por el CUValles refleja cómo la investigación universitaria puede convertirse en una herramienta para atender desafíos productivos concretos, vinculando innovación, sostenibilidad y desarrollo económico en una de las cadenas de valor más relevantes del estado.

Fuente: líder empresarial / Daniela Estrada González

 

¿Qué es la vinaza y por qué representa un reto ambiental?

La vinaza es un subproducto líquido generado tras la fermentación y destilación del mosto de agave en la producción de tequila.

Según la definición del Consejo Estatal del Agua (CEA) de Jalisco, se trata de un líquido turbio de color café rojizo con olor a alcohol y caramelo, que contiene sustancias no volátiles que permanecen en el alambique al finalizar la destilación.

Este residuo cuenta con alta carga orgánica, pH ácido, y compuestos como fenoles, furfural, alcoholes superiores, nitrógeno, potasio y fósforo.

Cuando se vierte sin tratamiento, la vinaza contamina suelos, ríos y mantos freáticos. En casos documentados, un solo litro de vinaza puede afectar de 7 a 11 litros de agua.

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