¿Cómo busca la UdeG reducir el impacto ambiental de la
agroindustria del tequila?
La industria del tequila es uno de los principales motores
económicos y de exportación de Jalisco. Sin embargo, detrás del crecimiento de
esta cadena productiva existe un desafío ambiental de gran escala: por cada
litro de tequila elaborado se generan entre 10 y 15 litros de vinaza, un
residuo líquido con una elevada carga orgánica que puede resultar hasta 100
veces más contaminante que las aguas grises domésticas si no recibe un
tratamiento adecuado.
Ante este escenario, investigadores del Centro Universitario
de los Valles (CUValles) de la Universidad de Guadalajara (UdeG) desarrollan un
sistema integral para el tratamiento de vinazas tequileras, una tecnología que
ya cuenta con una patente otorgada y una segunda solicitud en proceso, con el
objetivo de facilitar su implementación, especialmente entre pequeñas y
medianas empresas del sector.
El proyecto cobra relevancia en el marco del Día
Internacional del Tequila, celebrado el 24 de julio, al poner sobre la mesa uno
de los principales retos para la sostenibilidad de una industria que continúa expandiendo
su presencia en los mercados internacionales.
El crecimiento del
tequila también exige soluciones ambientales
La producción de tequila ha mantenido una trayectoria de
crecimiento impulsada por la demanda internacional, particularmente en mercados
como Estados Unidos, Europa y Asia. Este dinamismo ha fortalecido las
exportaciones y la generación de empleos, pero también incrementa el volumen de
residuos industriales que deben gestionarse de manera responsable.
Las vinazas son los efluentes que se generan tras el proceso
de destilación del tequila. Su alta concentración de materia orgánica, acidez y
compuestos químicos representa un riesgo para cuerpos de agua y suelos cuando
son descargadas sin tratamiento.
El doctor Héctor Huerta Ávila, jefe del Departamento de
Ciencias Computacionales e Ingenierías del CUValles, explicó que el desarrollo
tecnológico busca atender precisamente esta problemática regional.
«Estamos desarrollando un esquema completo desde que el
efluente sale de la fábrica hasta obtener agua que cumpla con las normas
establecidas por las entidades estatales y federales. No se trata aún de agua
potable, pero sí de un recurso que puede reutilizarse de manera segura en
procesos como el riego», señaló.
Más que eliminar un residuo, el proyecto pretende convertir
un pasivo ambiental en un recurso con posibilidades de reutilización,
contribuyendo a una economía más circular dentro de la cadena productiva del
tequila.
Una tecnología
diseñada para las pequeñas y medianas tequileras
Uno de los principales retos ambientales del sector consiste
en que muchas pequeñas y medianas destilerías carecen de infraestructura
suficiente para instalar sistemas de tratamiento de alta complejidad.
Por ello, el equipo de investigación trabaja en un modelo
tecnológico que combine eficiencia con costos accesibles.
Actualmente colaboran con tres empresas tequileras de la
región Valles de Jalisco, las cuales suministran muestras para validar el
funcionamiento del sistema y preparar la instalación de plantas piloto que
operen de manera continua.
Huerta Ávila destacó que la vinculación con la industria
resulta fundamental para asegurar que la tecnología responda a necesidades
reales.
«Siempre es importante tener vinculación con las empresas
porque estamos resolviendo un problema real. Ellas serán las usuarias finales
de la tecnología y nos permiten recibir retroalimentación directa», afirmó.
El investigador adelantó que el siguiente paso será escalar
el proyecto mediante plantas piloto industriales que permitan validar el
proceso bajo condiciones reales de operación.
Fotocatálisis y
energía solar para degradar contaminantes del tequila
El sistema desarrollado por el CUValles integra diversas
etapas físico-químicas antes de llegar a un proceso de fotocatálisis,
considerado el componente más innovador del proyecto.
El doctor Héctor Daniel Flores León, investigador asociado,
explicó que el tratamiento incorpora procesos como sedimentación, coagulación y
floculación antes de utilizar dióxido de titanio como catalizador.
Este material aprovecha la radiación solar para acelerar la
degradación de compuestos orgánicos complejos presentes en las vinazas.
«Utilizamos dióxido de titanio como catalizador, lo que
permite reducir la energía necesaria para degradar los compuestos orgánicos.
Aunque el proceso puede tardar entre cuatro y seis horas, estamos optimizando
su eficiencia mediante recirculación del efluente y seguimiento solar»,
explicó.
El reactor incorpora sensores que monitorean la intensidad
de la radiación solar y el grado de degradación del efluente para determinar el
momento óptimo en que el tratamiento ha concluido.
Según Flores León, uno de los objetivos centrales consiste
en evitar que el costo tecnológico sea una barrera para las pequeñas empresas.
«No es una tecnología excesivamente costosa. Justamente
buscamos que sea reproducible para pequeñas y medianas empresas», puntualizó.
Investigación
científica con impacto regional en Jalisco
El proyecto también contempla una importante línea de
investigación básica enfocada en mejorar los materiales empleados durante el
proceso de fotocatálisis.
La doctora María Alejandra Carrión Álvarez, jefa del
Departamento de Ciencias Naturales y Exactas del CUValles, lidera el desarrollo
de nuevos fotocatalizadores sintetizados directamente en laboratorio.
La especialista explicó que trabajan con nanopartículas de
dióxido de titanio depositadas sobre superficies de vidrio que, al activarse
mediante luz solar, aceleran la degradación de contaminantes presentes en las
vinazas.
«Aunque la síntesis puede tomar alrededor de una semana,
hemos logrado mejores rendimientos con materiales desarrollados en el propio
laboratorio», indicó.
Además del impacto científico, el proyecto funciona como una
plataforma de formación para estudiantes de licenciatura y posgrado que
participan en investigaciones, tesis y publicaciones relacionadas con la
sostenibilidad industrial.
Carrión Álvarez subrayó que la problemática tiene una
dimensión local que motiva a los jóvenes investigadores.
«Por cada litro de tequila se generan entre 10 y 15 litros
de vinaza, y este residuo puede ser hasta 100 veces más contaminante que el
agua gris que generamos en casa. Esto los motiva a involucrarse, ya que están
contribuyendo a resolver un problema real que afecta a su entorno», concluyó.
Innovación ambiental
como ventaja competitiva para la industria del tequila
La creciente demanda internacional por productos elaborados
bajo criterios de sostenibilidad está modificando las expectativas de
consumidores, distribuidores e inversionistas. En este contexto, el manejo
responsable de residuos deja de ser únicamente una obligación regulatoria para
convertirse en un elemento de competitividad.
Para una industria como la del tequila, que representa uno
de los símbolos económicos de Jalisco y una de las principales agroindustrias
exportadoras del país, incorporar tecnologías que reduzcan el impacto ambiental
puede fortalecer su posicionamiento internacional y facilitar el cumplimiento
de estándares ambientales cada vez más exigentes.
El desarrollo impulsado por el CUValles refleja cómo la
investigación universitaria puede convertirse en una herramienta para atender
desafíos productivos concretos, vinculando innovación, sostenibilidad y
desarrollo económico en una de las cadenas de valor más relevantes del estado.
Fuente: líder empresarial / Daniela Estrada González
¿Qué es la vinaza y por qué representa un reto ambiental?
La vinaza es un subproducto líquido generado tras la fermentación y destilación del mosto de agave en la producción de tequila.
Según la definición del Consejo Estatal del Agua (CEA) de Jalisco,
se trata de un líquido turbio de color café rojizo con olor a alcohol y
caramelo, que contiene sustancias no volátiles que permanecen en el
alambique al finalizar la destilación.
Este residuo cuenta con alta carga orgánica, pH ácido, y compuestos como fenoles, furfural, alcoholes superiores, nitrógeno, potasio y fósforo.
Cuando
se vierte sin tratamiento, la vinaza contamina suelos, ríos y mantos
freáticos. En casos documentados, un solo litro de vinaza puede afectar
de 7 a 11 litros de agua.