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24 septiembre 2016

Escribieron carta pobladores de Etzatlán al Presidente /sep/16


El Ayuntamiento y vecindario de la villa de Etzatlán ante V. Soberanía con el más profundo respeto exponemos: que contristado y agobiado nuestro corazón casi hasta el extremo, al rigor de la interrumpida y larga cadena de calamidades que las ilusiones políticas han hecho sufrir al infeliz pueblo mexicano, alimentaba la esperanza racional de que amaestrados por la experiencia y por la lección terrible y humillante, que acabamos de recibir de nuestros codiciosos vecinos del Norte, seriamos en lo sucesivo más cuerdo y no s dedicaríamos, no a fomentar la discordia, causa única de nuestra debilidad, de nuestra vergüenza y de nuestra ruina; sino a tentar pacífica y cuerdamente todos los medios posibles, para soldar los ya rotos vínculos de  nuestra fraternidad nacional. ¿Cuál pues, no habrá sido nuestra sorpresa, al leer en los periódicos y en las repetidas representaciones, dirigidas a V.  Soberanía y al Exmo. Sr. Presidente de la República, que se ha cometido el osado absurdo de proponer a V. Soberanía, que decrete la tolerancia de religiones falsas entre nosotros, y no del modo con que las estamos pasivamente tolerando de hecho, sino del modo que ejercemos la nuestra, con la erección de templos y de altares, con la predicación de doctrinas corrompidas, antisociales y sacrílegas, con prácticas y costumbres repugnantes hasta a el nudo buen sentido, es decir, con un a cooperación de autoridad y aprobación de una ley verdaderamente ateísta, pues lo es todo lo que emana de la indiferencia o a ella conduce?

Confesamos que nuestro asombro ha sido grande; superior a toda ponderación; pues si las materias, doctrinas, combinaciones y sistemas políticos, que se han pregonado tanto en la República, han sido para nosotros y quizá par a sus propagadores, un embrollo incomprensible, inextricable; esta nueva e inesperada cuestión, sí la entendemos: sí, Sr., a pesar de nuestra grande ignorancia, la entendemos, la sentimos, y prevemos las horrendas consecuencias de su triunfo entre nosotros.

Basta, Sr., tener un corazón católico, basta tener buen sentido, para verter forzosamente las más amargas lágrimas, al considerar, que el genio del mal levanta aun osadamente la cabeza entre nosotros y se gloría de tener cooperadores (permítasenos decirlo) hasta en el seno de V . Soberanía.
Sumamente sólidos, abundantes y luminosos son los razonamientos que hemos visto en los innumerables escritos que en estos días han salido a la luz pública, refutando victoriosa e incontrovertiblemente el establecimiento de la tolerancia legal de falsas religiones entre nosotros.

A ésos preciosos escritos suscribimos, ya que nuestra capacidad no alcanza a más; pero permítanos V. Soberanía, que a nuestro modo franco, humilde y llano le expongamos nuestras ideas concretadas en las siguientes proposiciones.

1 . De ningún modo conviene a la República mexicana el establecer en ella legalmente la tolerancia de sectas religiosas.
2. Esta tolerancia es contraria a la voluntad nacional.
3 . V . Soberanía carece de facultades para decretarla.

A donde quiera, Sr., que fijamos nuestra mente se agolpan de tropel pensamientos mil, que nos gritan no con venirnos de modo alguno la tolerancia religiosa entre nosotros. Los hombres ignorantes y de buena fe como nosotros, son siempre mucho más apegados a los hechos, a las pruebas, que los sublimes razonadores; así es que nosotros hemos buscado e n la presente cuestión, pruebas que nos convenzan de que (aun suponiendo el absurdo de que V. Soberanía fuera capaz de apostatar, es decir, de renegar de la fe de Jesucristo, que por su dicha y la nuestra profesa; como es forzoso que lo haga para establecer y proteger en la República la tolerancia de falsos cultos, por aquello de "quien no es conmigo es contra mi)”  hemos buscado, repetimos, pruebas que nos manifiesten que la tolerancia de cultos nos traerá la paz que tanto apetecemos y necesitamos; y afortunadamente hemos encontrado en la Europa y entre nosotros mismos hechos que lejos de hacernos variar, nos confirman en nuestro modo de pensar.

La Alemania, la Holanda, la Suiza, la Escocia fueron inundadas de sangre por la discordia religiosa; pero sin ir tan lejos ¿qué ventajas sacó en nuestros días Yucatán del establecimiento de la tolerancia de cultos? Sacó la ventaja de conocer prácticamente la ridiculez e inconducencia de su decreto, para llamar la inmigración de extranjeros y el genio de la industria, de la riqueza y del bien estar material, amuleto fascinador de las almas corrompidas y egoístas. ¿Qué cuadro nos presenta Guatemala, la filósofa, la indiferente Guatemala? Triunfa Morazan y con él los principios que ahora se proclaman entre nosotros, cuya expresión era allí en la época el Dr. Galvez.
Se proclama la tolerancia al tiempo mismo que se encadena al Arzobispo y a los sacerdotes, que cautivos, maltratados y devorados de hambre y de miseria, son embarcados para un país enemigo con quien esa República estaba en guerra : se da una ley de ostracismo, que lanza, a países extranjeros a cuanto Guatemalteco tenía algún mérito; se convoca a los extranjeros de todas naciones y cultos para que fuesen a poblar el rico país de la grana y el añil; se sacrifican las costumbres y los usos nacionales a la extranjero-manía, de un deismo embozado con el negro manto del apóstata de Wittenberg, adoptándose por código penal el que un Anglo-sajón compuso para la Luisiana; y por resultado de estas reformas esperaba el partido que las sostenía, alguna paz, grande inmigración, mucha riqueza y las simpatías de las naciones extranjeras y ¿cual fue la realidad de esas esperanzas? Morazan ha muerto fusilado por la discordia; Galvez libró su seguridad en la fuga buscando asilo en nuestro suelo; la Confederación de Centro-américa queda disuelta en fraccionada soberanía; una sola de ellas en la que se suscitan ideas religiosas y se despiertan sentimientos nacionales, entra en un camino de esperanzas y bien estar: ella sola merece las consideraciones de Europa, y ella sola es la verdad la que había desandado la senda por donde las otras continuaron su marcha : estas no pueden entenderse así mismas, y la ocupación que tan sin ceremonia ni pretexto hicieron de León de Nicaragua los Ingleses, está completando el descrédito de las ilusiones con que se nos barniza la actual persecución a la religión de nuestros padres.

¿Qué nos dice mientras tanto la España? Burla a los Apóstoles del protestantismo enviados por Inglaterra, tal vez más como agentes  de su gabinete que como propagadores de la religión de Enrique VIII. Un solo eclesiástico que con solo el fin de casarse se hace secuaz de los predicantes, fue declarado por los partidos de todas las comuniones políticas, loco y el gobierno de Espartero, no obstante ya dominado vergonzosamente por la influencia inglesa, hace entender a los misioneros del protestantismo, que cualquiera español que estime en algo la noble descendencia de donde tuvo origen, tolerará todo menos la humillación de verse envilecido a los pies de aquella secta que había jurado el exterminio de la patria de sus padres, en la que el catolicismo fue y ha sido la enseña de la unidad de independencia nacional y ¿qué ha perdido por ello la España? ¿Será más poderoso, más feliz Yucatán? ¿Envidiará aquella la suerte de Guatemala? Tenemos pues, por una parte pruebas repetidas e irrefragables, de que el roce autorizado de distintos y aun contradictorios cultos, da por resultado infalible la destrucción cruenta de la sociedad, y por otra parte que la sanción de la tolerancia de cultos, ni siquiera produciría el mísero resultado a que parece aspiran sus inconsiderados defensores; pero, por un momento supongamos, que se consiguiera ver en nuestro suelo cuanto progreso material es concebible en las artes, en el comercio, en todas las clases de industria, y en cuanto coopere al bienestar físico del hombre : ¿Será conveniente, será racional el adoptarlo cambiándolo por el progreso moral, que fluye únicamente de la religión verdadera cuya s reglas eternas, inmutables y eminentemente sociales, proclaman la igualdad y la fraternidad del hombre, que vigorizan y ordenan nuestros esfuerzos en busca de nuestro bienestar aun físico, y que han conducido siempre a las naciones al mas alto y sólido grado de esplendor?

¿Se oculta en nuestros tiempos, ni aun a los mas estúpidos, que las naciones mas avanzadas en progresos del orden físico como la Inglaterra y la Francia, son en las que precisamente abunda el pauperismo, es decir, la infelicidad del mayor número? Nada, Señor, es mas cierto que el que, el progres o moral está en razón inversa del progreso físico ó material para la felicidad del género humano. Imposible es la felicidad donde se halla autorizado el error.

¿Será conveniente que V. Soberanía autoricé él mayor de los errores para  acabar de hacernos completamente infelices?

2. Nada, Señor, repugna mas a un pueblo que el que se combatan bruscamente sus costumbres; porque su apego tenaz a ellas, es hereditario, nació con ellas, las aprendió de sus padres, se naturaliza y regula por ellas, y por ellas conoce y simpatiza con sus compatriotas, hasta el punto de hacérsele insoportable la vida común con hombres que observan distinto modo de hablar y de vivir. Sube de punto su repugnancia cuando el combate es dirigido a sus hábitos religiosos; porque si ejerce aquellas por mera comodidad y porque así las aprendió, estos los observa por una necesidad imprescindible impresa en el corazón del hombre. La mas constante experiencia nos enseña que casi no hay un hombre que no se encuentre alguna vez en la vida  en aquella crítica situación del alma, que no le presenta otros caminos que el de la infernal desesperación, o el que conduce al templo de la misericordia infinita, a la fuente del mas intenso amor, a la cátedra del saber y de la verdad : allí corre como a su único y seguro asilo, y allí su espíritu y su corazón reciben la mas grata paz, el consuelo y la certidumbre, que en vano busca entre los hombres. Esta es una necesidad mas fuerte, mas irresistible aunque la del alimento : y ¿será voluntad de la nación el que se le ponga en contacto con hombres de muy distintas costumbres religiosas, civiles y domésticas, que se juzgan superiores a nosotros por todos aspectos, que hacen gala de su impiedad, y befa de nuestra creencia  y de nuestras costumbres?

3 .  V. Soberanía representa a la nación y de ella ha recibido las facultades que ejerce. Entre ellas no está ni puede estar la de decretar la tolerancia de cultos, porque para dársela era forzoso que el pueblo y sus representantes renegasen de su fe. ¿Cómo pues, V. Soberanía podrá dictar  una ley para la que carece de facultades, ni el pueblo mexicano obedecerla?

En tal virtud a V. Soberanía sumisamente pedimos, que con indignación se sirva desechar él proyecto en que se le propone el establecimiento de la tolerancia religiosa.

Etzatlán a 15 de Noviembre  de 1848.— Bemardo Martínez , Alcalde 1.°—Jacinto Rivera , Alcalde 2.°—Mariano , Gómez , Regidor.—Jesús Villarreal, Regidor.—Francisco Susarregui, Regidor,-Ignacio ; Camarena , Regidor.—Jesús Manzano, Síndico.—José M. Murillo, Síndico.—Antonio Patino - Sub-receptor de rentas.—Manuel Ramos Administrador de correos. _Fr . Julio Prieto, Cura y Guardian.—Fr . Francisco González,—Manuel de la Barcena , Cura d e Mascota.—J. Ignacio Galindo , Presbítero.—Antonio Escobedo.—Juan Anistro . —Por mí y por mis hijos, D . Luis y D . José María , Eustaquio Martinez.-Tomas Aldrete.-Hilario Sánchez.-Miguel Cardenal . -Francisco Cárdenas-Teodoro Fuentes.-Domingo Flores.-José María Velazquez.-Ramón de Alonzo.-José María de Vea Murguía.-Manuel Delgadillo.-Margarito Camarena.- Francisco Cayetano.—Jesús M . Martínez.—Francisco L . Elizalde.—Por mí y mis hermanos, D. Juan Nepomüceno y D . Hilario, Manuel Llanos.—Rito Torres.—Francisco Gómez Hernández. — Leonard o Sánchez.—Crisanto Ramos.—José María Cárdenas. •—J. Antonio Aldrete.—Luis Pacheco.—Rafael Cárdenas.—Gabriel Sánchez.—Ignacio García.—Por mí y a nombre de mi hermano D. Petronilo, Francisco Camacho . — Nazario Velázquez.—Martin López.—J. Antonio Fernandez- Gabriel Murguia.— J Antonio Ramos.—Jesús Pérez.—Juan Prado.- Agustín Eguiarte . —José de Alonzo.—Onofre Ruiz.—Manuel I. Gómez—Jesús Prado.—Claudio Hermosillo.—Julián Rivera . —Facundo Sandoval. - Rito Morales.—Cruz Siordia . — José María Romero.—Macedonio Chino.-Mariano Romero.-Sebastian Romero.—Gabriel Cárdenas—Rosalio Hernández.—Jesús Ramos.—Jesús Torres.-Fernando de Meza.-José María Quifas.—Santiago Delgadillo.—Simón Prado.—Ángel Sancha. — Pablo Andrade.—Arcángel Aldrete.—Ignacio Aldrete.—Francisco Topete.— Miguel Romero Villanueva.—José María Arango.—Antoni o Gómez.—José Migue l Gómez.—Gregorio Romero.—Pió Romero . José María Romero Villanueva . Fermín Romero.—Antonio E. Romero.—Juan José de Amaya.—Gabriel Tiznado.—José María Amezquita.—Antonio Villanueva.—Benigno Rodríguez,—^José de Jesús Camacho. — Miguel Arango,—Luis Arango — Maximiano Arango.—Onecíforo Camacho.—José María Romero Topeté.—Miguel Romero.—Eustaquio Gómez.—Francisco Gómez.

Texto original:
http://bdh-rd.bne.es/viewer.vm?lang=en&id=0000038623&page=1 
ACTUALMENTE ¿ESCRIBIRÍAN AL PRESIDENTE?
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