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12 junio 2014

La laguna de la Magdalena 12/jun/14

Mitos y leyendas del agua y sus historias…

Este fue el nombre que se le dio al Foro que organizó el Centro Universitario de los Valles (CUValles) y al que fue invitado el Cronista y Archivista, Sr. Carlos Enrique Parra Ron, quién participó con el tema de: “Leyendas del agua en Etzatlán”.

En este programa participaron los Municipios de Hostotipaquillo, San Sebastián del Oeste, Ameca, El Arenal y Etzatlán. 

A continuación presentamos una de las tantas leyendas poco conocidas, esta pertenece a las poblaciones que se encontraban a la ribera de la Laguna de Magdalena: La laguna de la Magdalena 

Esta leyenda nos la relata el historiador y escritor etzatlense Dr. Carlos Fregoso Gennis en su libro Etzatlán y su región y dice que es la tradición en la cual se asegura que la laguna tuvo su origen en los tiempos prehispánicos, cuando el señor y cacique de la región, no queriendo que su preciada hija contrajera nupcias con un joven que no era de su agrado, se opuso a la relación, llegando al extremo de privar de la vida a su propia hija.

 La joven fue decapitada en lo que entonces era un fértil valle, que posteriormente se convirtió en una hermosa laguna con la sangre derramada por ella. Es interesante considerar que la voz Etzatlán, desde el punto de vista etimológico, ha sido interpretada en algunas ocasiones como «lugar de agua ensangrentada» o «de agua roja como la sangre». Significado que probablemente va en correspondencia con la leyenda mencionada.

Hasta aquí esta leyenda, pero también se mencionaron otras como la de Oconahua y su nombre, la de los duendes y “enduendados” en los arroyos y otra muy parecida a la que que arriba aparece llamada: “El Señor de las Aguas”.


Mensaje. Aprovechamos para enviar un breve mensaje a la comunidad etzatlense para invitarlos a que cuidar el agua, que no haya desperdicio, recordando aquella famosa frase que se pusiera de moda hace algunos años y que decía: “¡DIOS DA EL AGUA, PERO NO LA ENTUBA!”

Texto y foto : Carlos Enrique Parra Ron

PARA SABER

La desaparecida laguna de la Magdalena, la otra Chapala

La laguna de La Magdalena se localizó a setenta kilómetros al poniente de Guadalajara, sobre los municipios de Magdalena, Etzatlán, Antonio Escobedo y Hostotipaquillo.[1] Tuvo una extensión de cincuenta y cinco kilómetros cuadrados aproximadamente, que la convertía en la segunda más grande del estado de Jalisco. Contó con dos pequeñas islas en su centro. Según un informe del ingeniero Manuel Iglesias, presentado ante la Secretaría de Fomento en el año de 1866; la laguna proporcionaba pescado, en especial bagre, así como tule, que fue utilizado por los ribereños en la manufactura de diversos productos que vendían en la región. Era además un medio eficiente de comunicación entre pueblos y haciendas, ya que facilitaba el transporte de mercancías. Sus aguas eran utilizadas en el regadío de plantíos de maíz, trigo, fríjol, cebada, maguey, entre otros productos, que se producían en las haciendas de San Andrés, La Quemada, Estancia de los Ayllones, San Sebastián, La Esperanza y 10 ranchos más. También daba de beber a más de 40,000 cabezas de ganado.[2]

En 1856 el general Refugio González solicitó al presidente de la República Ignacio Comonfort, la autorización para desecar la laguna de La Magdalena, alegando que con ello obtendrían tierras fértiles para el cultivo, así como aguas que serían utilizadas para irrigar el valle de Ahualulco.[3] El proyecto fue aprobado e inmediatamente comenzaron los trabajos, que consistieron en la construcción de un canal que conduciría el agua a una presa en las cercanías de Ahualulco. La ganancia que obtendría González sería el usufructo del agua por 15 años, mientras que el gobierno conservaría todos los terrenos desecados. Los hacendados del lugar no estuvieron de acuerdo y entablaron un litigio en contra de González, ya que la obra afectaría la productividad de sus haciendas que no contarían con el agua suficiente para sus plantíos. Iglesias afirmó al respecto, que la desecación produciría la ruina de los pueblos, haciendas y ranchos ribereños, por la falta de agua y humedad, además manifestó que productores como Miguel Camacho tendrían pérdidas considerables ya que poco tiempo antes había invertido fuertes cantidades en obras de irrigación.[4] Los propietarios lograron detener las obras de desagüe por algunos años. Sin embargo en 1879, Porfirio Díaz revalidó la licencia a González quien reanudó las obras del canal, que de nuevo fueron suspendidas por los amparos logrados por los hacendados. El pleito se prolongó por muchos años y en la segunda década del siglo XX, el gobierno concedió la autorización para la desecación, que sería llevada a cabo por la Compañía Andazor, cuyo gerente era Andrés Andazor. Para el efecto se construyó un canal que atraviesa el pueblo de Antonio Escobedo, y que fue conocido por el nombre de “El Tajo” que conducía el agua hasta la presa “Colorada” donde se redistribuía. Para el año de 1934 la mayor parte de la laguna se encontraba seca y solo durante el temporal de lluvias subía el nivel gracias a los abundantes escurrimientos de aquella época, pero en pocos días volvía a secarse.[5] Con los años la laguna desapareció por completo.

[1] Este artículo lo publiqué hace algunos años en el diario el Occidental, si alguien desea la referencia completa deje un comentario.
[2] Miguel Iglesias. “La desecación de la laguna de Magdalena,” en El estado de Jalisco. Núm. 75. Diciembre 3 de 1879. pp. 2-3.
[3] “Una cuestión de utilidad pública,” en Juan Panadero. Tomo IX. 673. pp. 1-2.
[4] Iglesias. Op cit.
[5] Antonio Domínguez Ocampo. Historias de mi pueblo. Guadalajara. 1985. pp. 63-65.

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