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19 marzo 2025

Desapareció en Etzatlán y buscan sus tenis en Teuchitlán 19/mar/25

 

Eduardo Reyes se acerca al perímetro de alambre de púas del rancho Izaguirre con las manos temblorosas, no por la edad, sino por el remordimiento. “Nunca lo busqué”, repite como un mantra venenoso.

Durante siete años, mensajes anónimos al WhatsApp le aseguraron que su hijo Rubén estaba “bien” con sus captores y le advirtieron que no lo buscara más. Las amenazas llegaban desde números desconocidos que se autodestruían de inmediato. “Me aterrorizaba”, confiesa, mirando hacia las fosas donde otros padres intentan desterrar la verdad que él no se atrevió a enfrentar. Su nuera, más valiente o más desesperada, cree reconocer entre las fotos de evidencias unos tenis pegados con carbonato: los mismos que Rubén calzaba la última vez que lo vio con vida en Etzatlán.

En este paisaje de desolación, las corporaciones de seguridad, que en septiembre abandonaron el rancho, ahora actúan como cómplices de un guion macabro. Guardia Nacional, policías estatales y forenses de la FGR custodian el predio con la eficacia de quienes protegen secretos, no verdades. “No son hornos”, insisten las autoridades, más preocupadas por debatir semántica que por enfrentar el monstruo alimentado por el silencio y la indiferencia. Pero los hornos —llamémoslos “barbacoyeros” o “artefactos prehispánicos”— no son lo más aterrador. Lo espantoso son las más de 15 mil desapariciones en Jalisco.


 

Mientras funcionarios federales hablan de “avances en colaboración interinstitucional”, familias como la de Eduardo Reyes siguen reconociendo tenis pegados con carbonato entre montañas de zapatos mugrosos, botas con agujeros y huaraches descosidos. Izaguirre es México: un país donde la esperanza se reduce a identificar prendas de vestir en bolsas de plástico, mientras los gobiernos, en lugar de apagar el fuego, se dedican a debatir cómo nombrar las cenizas. Las desapariciones no son cifras: son un mapa de impunidad. Y cada vez que un funcionario corrige “no son hornos”, se delata. Al final, ni los informes forenses ni los titulares efímeros devolverán a los desaparecidos.

Solo quedarán las suelas rotas de menos de 200 zapatos —insiste la policía en minimizar el número—, mientras hay más de 124 mil personas sin paradero, de acuerdo con el Registro Nacional de Personas Desaparecidas.

Fuente: Milenio Jalisco / Alejandro Sánchez.

Al rancho Izaguirre, situado en Teuchitlán, Jalisco, donde se denunció que se llevaron a cabo tareas de reclutamiento forzado e inhumación clandestina, este domingo llegaron dos familias, cada una en busca de dos de sus integrantes desaparecidos. Solicitaron, sin éxito, que les permitieran ingresar para ver si la indumentaria en este lugar correspondía a la de sus familiares. El personal de seguridad que resguarda el sitio tampoco les brindó información sobre dónde o quién podría atenderlos. 

La señora María Luz Ruiz Gutiérrez busca a su hijo Elías Sánchez Ruiz, quien ha estado desaparecido desde el 14 de enero de 2013, a la edad de 32 años, y trabajaba en los campos de siembra y cosecha de mezcal. Indicó que tiene "la corazonada" de que Elías está en este lugar. En el momento de su desaparición, vestía un pantalón azul, una playera verde, una chamarra de colores gris y anaranjado, y zapatos amarillos de trabajo. Relató que está decidida a encontrar a su hijo y ha ido a la fiscalía, pero no ha tenido novedades sobre la investigación. 

Dijo que "no le entiende mucho al celular" y pidió ver la indumentaria de forma directa, en lugar de en fotos.? 

"Es que todo está hecho un montón y no puedo detectar nada. No hay cómo mover las cosas para encontrarlas; es como buscar una aguja en un pajar, que nunca lo voy a encontrar, pero sé que aquí va a estar, hecho mil pedazos. Lo voy a encontrar, ya se lo comieron, ya qué", manifestó María Luz. 

Eduardo, la actual pareja de María Luz, también busca a su hijo Rubén Eduardo Reyes Ávila, desaparecido a los 22 años. Él trabajaba en la extracción de mezcal. 

Ambos son de San Juanito de Escobedo, ubicado en la región Valles de Jalisco, donde los habitantes estiman que cerca de 30 personas están desaparecidas. 

El padre de Rubén indicó que su hijo se dedicaba a trabajar en una empresa agrícola productora de chile morrón, así como en el campo, realizando tareas como esparcir fertilizante. Relató que su hijo fue arrebatado en una gasolinera, lo subieron a una camioneta y se dirigieron hacia San Marcos. Luego, vieron el auto circular. 

El progenitor de Rubén Eduardo señaló que recibió amenazas y acoso durante un año por parte de personas que afirmaban conocer el paradero de su hijo. Manifestó que en llamadas telefónicas le dijeron que estaba a salvo, pero que no lo buscara. 

Lamentó no haber emprendido acciones legales, como solicitar la ficha de búsqueda y presentar una denuncia penal, y compartió que se siente culpable por no haber buscado activamente a su hijo debido al miedo y las amenazas recibidas. Se siente "orgulloso" de su pareja, ya que ella ha buscado de forma incansable a su hijo. 

Ahora, la pareja de Lalo identificó un par de zapatillas marca Nike entre las imágenes de los zapatos localizados en el rancho. Eduardo espera que las autoridades busquen a su hijo, "aunque tengan que buscar bajo las rocas, y que le den una respuesta a la familia, independientemente de si su hijo está vivo o muerto". Desea que las autoridades "pongan fin al infierno que viven". 

Fuente: Proceso / Elizabeth Rivera Avelar

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